¡AFORTUNADOS! DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER

img_2569Hoy lunes después de la cuarta sesión de quimioterapia y trece de  radio me he tumbado en el sofá porque mi cuerpo me decía: ‹‹no puedo más››.

He buscado en el diccionario de la Real Academia Española la definición de la palabra ‹‹afortunado››. Dice  así:.

  1. adj. Que tiene fortuna o buena suerte.

Dicho esto os cuento.

Como os decía ha sido mi cuarta quimio. La sala de tratamiento era un poco más triste de lo habitual a pesar de que es un lugar donde afloran las sonrisas de complicidad y esperanza. Hoy se tambaleaba el color de las paredes y parpadeaba la luz de las miradas. Éramos todos bastante jóvenes. Casi todas vidas rotas en sus comienzos. Acompañados la mayoría por nuestros padres intercambiamos enseguida retazos de nuestra vida. En un momento nos habíamos contado casi todo en un intento de agarrar al vuelo una ráfaga de esperanza, un trozo de buena tela con la que remendar este roto de tu vida. Sin querer queriendo escuchas a unos y a otros, conversaciones laterales, pero las escuchas. Una chica muy joven con su cáncer de pecho, otra con enorme cara de tristeza sin apenas pronunciar una palabra… A mi lado un chico alto y fuerte, algo más joven que yo. Su camisa desabrochada dejaba ver un gran tatuaje con una cicatriz que le atravesaba desde el cuello hasta perderse entre su ropa. Daba la impresión de llevar muy dentro la enfermedad, pero se le notaba el sufrimiento a flor de piel. Le acompañaba su padre que en silencio leía un enorme libro. Me dio la impresión que hacía que leía porque permanecía muchos minutos sobre la misma página mientras miraba de reojo a su hijo que constantemente suspiraba y cerraba los ojos.

img_2568He tratado de animar un poco la sala. Levantar el ánimo de los enfermos de cáncer no es cosa fácil. Requiere una sensibilidad especial. Lo entiende quien ha sufrido. Me he llevado mis trabajos manuales y he estado haciendo pulseras con el árbol de la vida que he repartido a todas mis enfermeras y ¡cómo no!, a mis compañeras de batalla y hoy de sala de quimio. Notas que cuando haces las cosas desde el alma la gente las acoge con tanto y cariño y tanta ilusión que se te ponen los pelos de punta por poder compartir esos momentos tan entrañables. No hay mejores y más sentidos abrazos. Son los que van mucho más allá del agradecimiento.

En la larga espera ha llegado alguien -no quiero entra en detalles porque no se trata de señalar a nadie sino de poner un ejemplo- que con muy buena voluntad iba a saludar al chico de la cicatriz en el pecho que estaba a mi lado. Pido disculpas, pero he escuchado la conversación. Aunque me hubiese tapado los oídos de nada habría servido porque estaban muy cerca de mí. Le ha preguntado que como estaba y el pobre no paraba de mover las manos, muy nervioso e incómodo. El goteo de la quimio no paraba de pitar por sus movimientos nerviosos.

Él le contaba que había tenido un bebé hacia seis meses al que apenas había podido ver. Había perdido su trabajo; esta semana se le había roto el coche… Mientras los ojos se le humedecían la señora que le visitaba le dijo: -¡Ay!, pero si eres un afortunado, hombre.

No he querido ni podido seguir escuchando. Hasta ha saltado el tapón de mi traqueotomía. ¿Afortunado?

He mirado a los que me rodeaban y he visto su fortuna, su gran suerte. Repito que no es una crítica sino un hecho demasiado cotidiano. No es fácil acercarse a consolar a un enfermo de cáncer. Hay que tener sensibilidad y mucho amor. Siempre pongo de ejemplo a mis médicos, enfermeras, técnicos  y auxiliares. No sé si eso se lo enseñan en su aprendizaje, pero ellos son doctores de proximidad, técnicos del trato, saber decir y saber acompañar. Unas veces es el silencio, otras la sonrisa cómplice, otras hablar de lo cotidiano sin más. De ellos hay que aprender.

No nos somos afortunados. Somos personas enfermas que necesitamos ayuda y consuelo porque somos muy conscientes de lo que arrastramos y de lo que se nos ha venido encima.

Tener cáncer es luchar entre vivir o morir cada día y la mayor ayuda es estar a tu lado. Hay que tener cuidado en como enfocas las palabras con las que quieres ayudar. Ha llegado, nos ha mirado uno a uno e inmediatamente se ha sentado al lado del chico que estaba a mi lado y ha hablado casi en plural, dirigiéndose a aquellos que somos afortunados por estar enganchados a una máquina de quimio.

Entiendo que todo es complicado y sé que de verdad y de corazón la gente trata de ayudar, pero en este caso, en el que yo soy la enferma, prefiero oír un ¡Venga Alejandra!, ¡todo pasará!, y no intentar convencerme de que soy una afortunada porque estoy viva, cuando mi vida en estos momentos no es ningún cielo.

Me vino a la memoria el pequeño Tambor de la película de Disney, Bambi, que decía: ‹‹Si al hablar no has de agradar te será mejor callar››.dia-contra-el-cancer

El viernes es San Blas. Me encomendaré a él y me pondré su cordón al cuello para que me proteja.

Este sábado se celebra el día mundial contra  el cáncer. Las expectativas del progreso de esta enfermedad han sido superadas por la triste realidad. Aumenta más de lo previsto. No sé si a la ciencia y a la medicina se le apoya lo exigible, que es todo, para ponerse por delante de esta carrera contra el cáncer. Todavía gana él. Prevención y detección temprana. También saber acercarse al enfermo. Lo he dicho muchas veces:

Si podéis curar, curad.

Si no podéis curar, calmad.

Si no podéis calmar, consolad.

Alejandra Dávila López

SEGUIMOS….

¡Gracias!

alejandradavila.es

3 febrero 2017

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ESTA SEMANA DESCANSO

img_2482Escribir es descansar y soñar, pero requiere una inspiración que no sé de donde procede. Esta semana ha sido muy dura y quizá por ello se tuercen los renglones de mi escritura.

A pesar de ello no he querido faltar a mi cita semanal para deciros que sigo con el tratamiento y la esperanza de su eficacia y que me siento unida a todos vosotros que formáis parte muy importante del tratamiento. La semana que viene volveré a jugar con las letras en esa maravillosa magia que se produce cuando escribes.

Gracias por esta ahí y perdonad por mi brevedad. Todo va bien y, aunque seguimos en contacto, mi blog vuelve la semana que viene.

Un beso para todos.

(La foto que os mando me la hizo mi hijo durante la sesión de quimio. Al mal tiempo buena cara)

Alejandra Dávila López

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MI QUERIDA FAMILIA DE LA RED

img_2396Mi querida familia de la red:

Aquí estoy, aquí me tenéis, luchando de nuevo. A día de hoy ya llevo 7 radios y dos quimios. Físicamente estoy bien; mentalmente regular. Los días pasan con la lentitud del invierno, con su prolongada oscuridad y el deseo permanente de ver de nuevo los cielos llenos de vencejos y golondrinas. Es para mí un periodo invernal, frío y desangelado. Mi mente no termina de avanzar, siento demasiado miedo en cada paso que intento dar y por eso de momento permanezco en stop. Hay que parar, mirar a todos lados y arrancar despacio para poder seguir avanzando lentamente.

Recibo cada día vuestro apoyo, vuestro cariño. Algunos me hacéis preguntas con apuro, un cierto pudor y tengo la sensación de que incluso pensando que puedan molestarme. Y por eso os escribo hoy sobre el tema. Nadie ni nada me molesta ni ofende. Todo lo recibo con el enorme cariño que se desprende de vuestras palabras que tienen tanto valor como las medicinas que tomo, pero con la ventaja de no tener efectos secundarios. Todo es bueno y así lo consumo. Por eso os envío estas palabras. Si he llegado hasta aquí con vosotros lo he hecho sabiendo lo que quería, sabiendo lo que necesitaba.

No tengáis pudor a la hora de preguntar, no tengáis miedo a expresar vuestros sentimientos y a plantear cualquier interrogante. Creo que es bueno para todos. Aquí me tenéis.

El día que comencé a escribir lo hice porque cuando caí enferma me hubiera gustado encontrar a alguien de mi edad que viviera sin voz, con una traqueotomía y así sentirme un poco aliviada y acompañada. No la encontré. Entonces pensé que tenía que ser yo la que contara mi historia para que el día que alguien me buscara me encontrara y sintiera mi calor.

Tirad de mí como yo intento tirar de los demás. ¡Sin miedo!img_2395

Estoy encantada de contaros cada detalle que viva, mi día a día alrededor de esta enfermedad y transmitiros aquello que crea pueda servir a sanos y enfermos. No debe de haber diferencia entre unos y otros y sí mucha ayuda y relación entre ambos. Una enfermedad debe unir y hacerte mejor, al que la tiene y al que la comparte. Las derivadas de una enfermedad grave hay veces que ocasionan lo contrario y eso hay que evitarlo.

No nacemos sabiendo, no son sabios los que saben, solo los que viven, los que mueren, los que luchan, los que sufren… y yo de eso, sin querer, sé mucho. Os lo garantizo. También os garantizo mi agradecimiento y disposición a estar a vuestro lado siempre que me lo aceptéis.

Os recuerdo mis enlaces:

Email: alejandradavila@gmail.com

Blog: alejandradavila.es

Twiter: @alejandrdavila

Instagram: hechoconilusion

Alejandra Dávila López

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MEDICINA PARA EL ALMA

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La quimio es diferente

Es martes 10 de enero. Al comenzar la semana empiezo a pensar en mi comunicación con vosotros. Ya forma parte de mi oración, que mueve mi ánimo y me anima al pensar en qué deciros, en mi comunicación con vosotros. Hoy me encuentro bloqueada. No sé qué deciros.

Siempre sé más o menos lo que os quiero contar, lo siento, sé lo que necesito compartir…, pero de nuevo comienzo una etapa de sentimientos ocultos en los que mi cuerpo se siente destemplado, solitario, diferente.

Ayer quimio y radio, de nuevo.

Primero la radio, que si la comparo con la anterior es jauja; ya no llevo mascara y simplemente me tumbo boca arriba mientras la máquina se mueve de un lado para otro. Me dejo llevar por ella, no quiero ni respirar. Me siento segura porque sé que al otro lado de la puerta están mis maravillosos técnicos a los que adoro. Ya lidiaron conmigo en la anterior batalla. Pienso en toda esa gente desconocida que gracias a su trabajo y estudio han logrado crear la esperanza del enfermo construyendo y manejando estas máquinas de la ilusión.img_2309

La quimio es diferente. Te sientas en una sala colectiva. Unos enfrente de otros. Las miradas se cruzan en interrogantes diálogos de silencio. El duelo va por dentro. Cada enfermedad es un mundo. Aquí todos tenemos cáncer y compartimos la esperanza en la victoria. Esta sala es el frente de combate. Alambradas de espino que desgarran. Más allá cada uno ha dejado su retaguardia de la que te alimentas para poder combatir a este enemigo. Sentados enfrente unos de otros nos miramos mientras nos van metiendo los líquidos de colores. Nos observamos, sonreímos, unos duermen, otros suspiran, otros lloran. El Llanto es contagioso, pero necesario. La sonrisa también. Una sonrisa que parece una mueca. Es muy duro. Sonidos, palabras, miradas, gestos, todos de ayuda y compasión. Entre tanto sufrimiento hay inmensa ternura. Aunque se toque el dolor allí hay consuelo.

Podía contaros otras cosas, pero no me gusta mentir. Tampoco voy a hacer intentos de parecer fuerte y valiente. Ese escaparate sería falso. Tengo miedo, como todos tenemos miedo a la enfermedad. Todas son crueles, pero esta es traidora y se esconde entre los pliegues de tu cuerpo. Sabe que la perseguimos y se esconde mientras te roe las entrañas.

La batalla ha comenzado de nuevo. Treinta sesiones de radio y diez de quimio. Sigo preguntándome ¿Es esto real? ¿Me está pasando a mí?

A la enfermedad hay que sumarle todo lo que arrastra y se lleva para no volver jamás.

Mi vida de nuevo dividida, mi corazón hecho pedazos, rotos los planes. Un futuro incierto sin poder pensar más allá del día en el que vives.

Mis hijos y mi marido en un lado.

Mi tratamiento y mis médicos en otro.

Y gracias a que mis padres nunca me dejan sola.

¿Cómo se controla esta situación? ¿Cómo se cura un cuerpo que llora por dentro sin parar con el alma desolada? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad sin tener a tu lado lo que más quieres?

Todo es desconcertante. No me encuentro bien. Me cuesta saber si es un estado físico o psíquico. De nuevo en el punto cero. Es un lugar desde donde ves como todo avanza menos tú.

Más quimio, más radio, más miedo. Lo noto en la mirada de los que me quieren.

Voy a seguir luchando por ellos.

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Seguiré luchando con vuestra ayuda

Seguiremos luchando. No nos queda otra. Gracias por vuestro apoyo. Vale más de lo que podéis imaginar. Mi lucha es compartida. Así debería ser todo. Mi mayor agradecimiento es a los que intentan sentir conmigo. Es difícil, pero posible. Se puede llegar a compartir y a dividir el sufrimiento de manera que al repartirlo disminuye su dolor. Yo lo noto.

Gracias por ello y perdón porque sea eso lo único que puedo daros ahora. Perdón por contaros estas cosas sin pudor.

Hay momentos en la vida que, en mi humilde opinión, se hace necesario gritar y pedir ayuda. Es como extender la mano y acariciar el dolor.

Es la medicina del alma. La del enfermo requiere radioterapia y quimio en infinitas dosis. Asume y asimila toda la que entra con amor, dedicación y ternura. Yo la recibo en grandes dosis. Mirad a vuestro alrededor. Hay muchos necesitados de ella. Una medicina que calma y cura. La dais vosotros. No dejéis de hacerlo nunca.

Alejandra Dávila López

13 de enero 2017

Blog: alejandradavila.es

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NO TIENE GRACIA. PERO NO VOY A RENDIRME

¡Comencé un blog con tanta ilusión! Tenía como objetivo contar mi historia. Quería estar acompañada en esos momentos en los que te quedas solas con eso tan criticado, pero imprescindible: las redes sociales. Yo no lo critico. Es más criticable la hipocresía; incluso el pudor mal interpretado de los que las utilizan de incógnito. Mi deseo e ilusión era transmitir una experiencia de esperanza y lucha compartida. Algo, mi cáncer, que, aunque estaba todavía ahí, me sonaba ya ha pasado. Os he contado mi experiencia, mi tragedia, mi muerte, pero siempre con final feliz. Todo iba bien, con feliz desenlace.

No podía comer. No tenía voz. No podía gritarle para desahogar mi furia. Pero veía el final de todo con esperanza.

Todo de repente ha cambiado. Dicen que esta enfermedad es así. Ahora tengo que resetear y volver al punto inicial.

Entré hace una semana en un quirófano. En el pet-tac se había visto algo. Ver significa que surgen lucecitas. Pensé que sería por eso de la Navidad. ¡Qué más quisiera! ¡Qué días sin saber nada! No conozco nada más terrible que la espera, la incertidumbre. Creo que he pasado las peores navidades que podría esperar.

Tengo unos médicos (mis doctoras) a las que quiero y que van más allá de la medicina. Saben hacer, pero es más importante como saben decir y explicarte todo mientras a la vez te miman y animan.

Pero… Alejandra: HAY CÁNCER OTRA VEZ.

Suena a broma. No me lo creía. Así es y así me encuentro de nuevo.

He releído mi blog y siento pena. ¿Pena? Pues sí, de mi ilusión, de mi esperanza, de mi ánimo. ¡Qué mazazo! Y no encuentro la manera de continuar con el blog. Ya no sé si seguir contando lo que me pasó cuando la realidad de nuevo comienza ahora. ¿Será esta la hora de la verdad? ¿Habrá otra?

De nuevo la cuenta atrás: tictac, tictac. El lunes comienzo.

Ayer estaba de nuevo tumbada en esa máquina, que te reconoce por colores, preparando el tratamiento. No podía contener las lágrimas; agradecí a los técnicos su silencio. Eran compañeros de mi anterior batalla.

Esta vez no habrá máscara. Mi cáncer está un poco más abajo y tendré coraza. Tatuados han quedado los puntos de disparo y la escopeta está cargada.

¡PREPARADOS! ¡LISTOS!

Yo llevaré también mis armas, las del espíritu de lucha, de vencer.

Como no quiero rendirme seguiré de reportera de guerra, aunque esta sea una guerra harto conocida. El que no la conoce no sabe lo que es la traición. Yo tampoco lo sabía hasta hoy.

No hay tregua ni por Navidad.

No tiene gracia. Pero no voy a rendirme. Hoy es el día de los Reyes Magos. No perdamos la magia y la ilusión. No pienso hacerlo y seguiré con vosotros. Sigo creyendo en los Reyes Magos.

Separados de todos estamos unidos a todos. A los que sufren y padecen esta traidora enfermedad.

El lunes día 9 empiezo con la radio y la quimio. ¡¡¡Ya!!!

Alejandra Dávila López

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LA ESPERA

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¡Feliz Año!

La vida es esperar. Esperamos para todo, lo bueno y lo malo. Es el envoltorio de la vida que tiene su esperanza en crecer, soñar, dar o recibir. Ser y estar permanentemente.

Recuerdo mis largos ingresos… Aquello sí que era una larga espera. Interminables días con sus inmensas noches en las que llegaba un momento que perdías esa noción de lo que es el tiempo. Ni los pasos que marcan las horas. Perdido en la longitud del tiempo no sabías si tocaba comer, cenar, respirar.

La segunda planta: ¡¡¡ONCOLOGÍA Y HEMATOLOGIA!!! Solo citar los nombres da miedo. Al principio no salía de la habitación. Pasaba las horas allí metida procurando pensar poco e intentando entretenerme entre visitas, tele, teléfono, largas conversaciones…, pero ante las amenazas de pinchazos por no moverme decidí salir de allí y dar largos paseos por el pasillo. ¡Qué pasillo tan largo! Recuerdo a mi padre y mi marido contando los pasos de punta a punta para ver cuánto medía exactamente. Mi primer paseo-pasillo fue como destapar mi alma. De repente te das cuenta de que no eres el único que vive entre esas paredes. Hay otros como tú, quizá peor que tú. Pasean con bolsas de colores colgadas de un aparato. El color azul es el más habitual (la quimio). Todo lo demás en el hospital huele y sabe a blanco. Te cruzas con la gente entre tímidas miradas de inspección y compasión. Todos nos compadecemos, todos somos iguales ante la humillación de la enfermedad. El cáncer humilla y te hace inclinarte ante el dolor y la altivez del ser humano. El que nunca ha estado de rodillas no sabe lo que es levantarse y mirar cara a cara. La humillación del dolor y la incertidumbre acaba haciéndote fuerte. La fortaleza exige sacrificio y pasar antes por trances, momentos críticos y decisivos.

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El interminable pasillo del hospital

Por aquellos pasillos se cruzaban las miradas. Primero disimuladas, casi todos miramos al suelo. Caras pálidas y desencajadas. Ojeras, delgadez, miedo. Los ojos delatan al enfermo. El pijama del hospital es nuestra librea. Vestimenta de esperanza junto al mimo de los que te cuidan, personal sanitario y familiares.

Esa primera mirada entre el suelo y el techo deja caer un silencioso ¡hola! Una vez que rebasas el cruce de miradas comienzas a pensar.

¡Qué enfermedad tan dura!, tan incomprensible y lejana cuando no te ha rozado.

Recuerdo una chica joven con cáncer de útero. Tenía una niña pequeña que la iba a visitar los domingos. No podía evitarlo ¿Qué clase de vida es esta? Traes un hijo al mundo y así sin más tienes que dejarlo todo e irte.

¡La segunda planta! Pies que se arrastran por aquellos interminables pasillos de luchadores. Pasillos sin sonido, solo de esperanza cuando menos se espera.

Luchadores incansables que dejan su vida para buscarse hueco entre unas paredes que serán tu refugio mientras el combate se libra. ¿Sabéis lo que me pasó? De aquellos pasillos y de sus miradas saqué una fuerza que no puedo explicaros. Se la debo a los que con una sonrisa me saludaban todos los días y me daban ánimos. Se la debo a aquellos a los que el pasillo de la vida se les hizo demasiado largo y no pudieron terminarlo. A ellos les doy las gracias y por ellos debo y debemos seguir luchando.

La vida es una espera. Esperanza. Mi sentencia está al caer. Hoy sabré si tengo que volver a esa planta o seguir luchando desde casa.

La espera bloquea y llega el Año Nuevo. Todo es esperanza. Esa que descubrí en el lugar donde menos te lo esperas. En aquel largo pasillo que no llevaba a ninguna parte. Acercaros al dolor y a la enfermedad sin miedo. La humillación del dolor y el sufrimiento te harán más fuerte, pero sobre todo harás mucho bien al que está enfermo.

Lo descubrí en aquel largo pasillo donde los conceptos del tiempo y el espacio superan cualquier teoría física.

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Con la esperanza a cuestas

Hoy seguiremos esperando. Esperanza en la Navidad y el Año Nuevo.

Os deseo Feliz Año y os mando un beso muy fuerte. ¡Gracias!

Alejandra Dávila López

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¡¡GRACIAS!!

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